Sobre la tolerancia en nuestras vidas.
Daniel Sione
La tolerancia ha sido considerada siempre como una de las grandes Virtudes, pero, como a muchas otras Virtudes, algunas veces, le damos más consideración en la teoría que en la práctica. Y no solo esto, pues frecuentemente dejamos la aplicación de la Tolerancia sólo a los demás, cuando no es cosa justa exigir a los demás lo que nosotros mismos no cumplimos.
Nuestro mundo moderno, que ya no está formado por sitios o gentes que pueden funcionar completamente aislados e independientes, y el avance de la civilización nos ha llevado al punto donde es necesario abandonar en concepto de la Tolerancia como simple virtud teórica o como virtud de buena educación, por decirlo así. Hoy en día, ella debe ser un dominio en todos los hombres, una obligación, una necesidad.
Ella, la Tolerancia, nos obliga ante todo, a reconocer los auténticos derechos de los demás, el derecho de cada individuo para hacer o pensar lo que cree mejor, basta que no choque seriamente con los demás miembros de la sociedad.
Las actividades de otras personas , sus creencias, maneras de proceder , ideas, normas de vida , prácticas , su filosofía y pensamientos pueden ser considerablemente de lo nuestro y es justamente por eso que es necesario e importante saber desarrollar nuestra tolerancia hasta los máximos limites- porque , naturalmente debe tener límites, hacia nuestros semejantes, si es que queremos vivir en un mundo libre y trabajar con fines realmente constructivos para la paz y el bien de todos. Si fracasamos en esto, fracasamos como hombres políticos. Podemos desarrollar y alcanzar la tolerancia dominado nuestros pensamientos, teniendo cuidado en que no critiquemos, porque algo sea diferente de lo que estamos acostumbrados, o porque la opinión de alguien difiere con respecto a lo que nosotros creemos correcto o erróneo. No todo puede ser como lo deseamos; además, ni todos los hombre son iguales, pero por tener todos ello el mismo origen, por ser el hombre el único representante de la especie humana, todos los hombres tienen la misma dignidad. Por eso merecen nuestra comprensión y consideración y sería cosa absurda condenar en el prójimo lo que nosotros disculpamos. Y sobre todo no hay que olvidad que nosotros mismos podríamos tener fallas más graves de lo que nosotros suponemos.
Pues bien, yo creo que la gran llave que demos usar en toda circunstancia de la vida para estar en armonía con todo el mundo es esta: ser considerados y tolerantes con los demás en nuestros pensamientos , en nuestras palabras y en nuestras acciones y no pedir a otros , como ya lo he dicho, lo que nosotros no cumplimos. De esta manera se evitaran muchas incomprensiones mutuas, discordias, delitos y hasta vergonzosas luchas.
En toda cuestión en que la diferencia de opinión es posible, nos conviene pues, por prudencia, mantenernos en el camino del medio y cito las sabias palabras de Mencio, discípulo de Confusio, “hay que conservar siempre el centro “. En realidad quien logra ubicarse en el centro de las cosas, seguramente, va a comprenderlas y verlas mejor y muy difícilmente se equivocara en sus apreciaciones, por lo que no le costara mucho ser un hombre tolerante, tanto en el pensamiento, como en la acción. Y un hombre así, probablemente, será un buen ciudadano.
